ayer cociné
tagine, un delicioso plato proveniente del norte de
áfrica, y pensaba en la equivocada noción que tenemos en
españa de lo que es la cocina mediterránea (propia y ajena)
la típica frase de un turista español que prueba un nuevo plato fuera de su país es:
donde se ponga un buen chuletón con patatas fritas que se quite esto
todos la hemos oído miles de veces: carne a la plancha y fritanga, esa es la noción de lo mediterráneo que se tiene por estos lares (por rico que pueda estar, revela una concepción muy superficial y primaria de lo que puede llegar a ser la comida)

vuelvo al
taginesigo la receta de
sarah brown, que lleva, además de las patatas, aceitunas verdes, limón en conserva, pimiento rojo, cebolla, puerro, ajo y tomate… esto sí que suena mediterráneo, ¿no? además incorpora una deliciosa y aromática combinación de especias (algo que también desesperaría al comensal español, cuya versión es que las especias
enmascaran la esplendidez de los ingredientes principales) como cilantro, curry, perejil, pimienta negra y comino
en casa, no queda más remedio, hay que hacer variaciones, no tenía cilantro y paso un poco del perejil, así que utilicé canela y cardamomo molido (recién traído del
rincón de las especias de la calle josé zorrilla de
segovia, verdadero bazar que pide a gritos un post), y ralladura fresca de limón en vez de limón en conserva (¿se pueden conseguir en algún lado conservas de este tipo?)
sorprende lo suave que queda el plato, algo afrutado y con cuerpo, verdadero regalo a las orillas de un mar, que aquí parece que sólo conocemos por sus posibilidades turísticas y su suciedad creciente

sobre el solipsismo y la cerrazón de los españoles respecto a su gran y sobrevalorada gastronomía, iremos hablando más adelante, no sé si abundantemente o gota a gota, como aquí, pero es una de las tesis principales de este blog
que se demora, así que, avisados estáis
P.D. el uso de las aceitunas merece un hueco aparte; producto español donde los haya, es muy raro que se utilice en la cocina, relegado al platillo de aperitivo antes del partido, o a perecer en la masa fría de una ensaladilla rusa; en el resto de países mediterráneos se usa profusamente en gran cantidad de platos, y es un condimento excelente, sin duda, uno de los sabores más singulares de este lado del mundo, térreo y untuoso, verdadera carne vegetal (mi amigo mexicano
pancho me dijo una vez, mientras sostenía una en la mano:
esto es lo mejor que tienen ustedes aquí)